Una ruta por las Alpujarras con un final —de Trevélez— muy original

En la vida hay grandes placeres y luego está el jamón serrano. El concepto puede ser repugnante: la pata salada de un animal impuro como es el cerdo. No es más que carne cruda porque no hubo tiempo de cocción ni más calor que el que entrase por la ventana de la alacena donde se secó. (De ahí “serrano”, porque se cura en clima de sierra frío y seco).

Los mejores, los jamones ibéricos. De esos cerdos que corren entre encinas y comen nada más que sus bellotas. Ay, el jamón… se merece una oda particular de entre toda la gastronomía española. Su corte es un arte y requiere de varios cuchillos; con la puntilla se deshecha la corteza de una parte y después, con el cuchillo jamonero casi en paralelo al tajo y deslizándolo en zig zag, se cortan lonchas pequeñas y finas. Acompáñese con un buen pan y un vino del terreno.

Lo mejor del jamón está en lo blanco y si son vetas finas entre la carne roja, mejor. Es la grasa del cochino, deliciosa, que si es buena se te debe derretir en la boca. ¡Ay, mi cerdo… que de ti me gustan hasta tus andares!

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cortando jamón de Trevélez en lo alto de una montaña

Andares y caminares como los que hicimos el grupo de blogueros por las Alpujarras granadinas. El objeto de la foto no es baladí, nos subieron en varios automóviles 4×4 para llegar a un lugar donde contemplar el espectacular crepúsculo de esta sierra de Granada. Como un espejismo que se aparece al llegar a lo más alto de la montaña, no podía creer lo que estaba viendo. En ese momento y a esa hora, con las tripas sonando desde hacía un rato, Antonio se convirtió en mi héroe. Creo que incluso le declaré amor eterno… al menos mientras durase aquella pata que estaba cortando con tanto esmero. Qué paciencia la tuya, Antonio, que nos la cortaste entera, no nos daba tiempo a acabar un plato y ya estaba saliendo el otro…

Esta entrada pertenece a una de las experiencias del blogtrip a Granada #GRXperience.
Gracias a Jesús de Nevadensis por esta ruta de final tan feliz y a Jamones Antonio Álvarez, de Trevélez (el pueblo-despensa de Granada donde se curan los mejores jamones que he probado hasta la fecha. Y los que menos sal contienen, por cierto, por debajo del 5%)

Sigue leyendo historias del blogtrip #GRXperience

Raúl García, Genio Terrenal También Misterbackstage, o el alma máter del GRXperience

# Cuando lloran las estrellas El minirrelato, sobre el astroturismo

# Granada, sobre analogías frutales y viajeras Un relato para la revista online Viaje con Escalas

By | 2016-11-26T20:02:10+00:00 julio 21st, 2016|Gastronomía, Una imagen, una historia|3 Comments

About the Author:

Beatriz Lizana. Curiosa ad infinitum. Creativa. La escritura y la fotografía como herramientas para entender el mundo. "Puedo prometer y prometo que jamás dejaré de aprender".

3 Comments

  1. Abilio Estefanía julio 21, 2016 at 9:06 pm - Reply

    Pero que mal trago pasamos ese anochecer en medio de la Sierra, viendo cortar jamón. Ah!!! pero si nos lo comimos incluso yo que soy mas de chorizo. Cachis esas sartas que no las ví aparecer.
    “Cantiveo” los jamones “colgaicos” de la vara…
    Besos

  2. Albertiken Ruiz julio 21, 2016 at 4:15 pm - Reply

    Jamón!!!!Jamón!!!!! Que mal vivís los bloggers de viajes…

    • Beatriz julio 21, 2016 at 4:42 pm - Reply

      Oye, que durante y sobre todo, después del viaje, nos lo tenemos que currar un montón… 😛

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