La experiencia de caminar por la medina de Fez

vista de Fez desde una ventana

Fez, primer intento

Como un león rodeando su presa, así me he acercado a esta ciudad, acechándola desde las alturas. ¿Izquierda o derecha? Ah, todo son decisiones. Salí del rihad para caminar por la medina de Fez y elegí izquierda. Sin saberlo, elegí salir de la medina –como aquellos libros en los que tú mismo eliges tu propia aventura: si quieres continuar por la medina, ve a la página 130, si decides quedarte en el hostel, continúa en la página 87–. Mi intuición me decía que aún no estaba preparada para andurrear por calles (algunas de menos de dos metros de anchura) repletas de puestos con especias, pollos, telas, tés, cueros… pero todo eso yo aún no lo sabía.

En aquel momento decidí salir y subir montaña arriba hacia ningún lugar, tenía todo el tiempo del mundo para hacer cualquier cosa. A pesar de ir vagando por un país desconocido lo que menos me esperaba era que, en mitad del camino, me pararía a saludar a alguien conocido. El día anterior había coincidido con un neozelandés que llevaba viajando más de cuatro meses justo en el lado opuesto de su mundo, y allí estábamos los dos saludándonos como viejos amigos. Podríamos haber continuado el camino juntos pero él eligió bajar y yo subir. “Ciao, que te vaya bien.”

Pareja al atardecer en Fez

“Bislama”. Adiós. Las despedidas no se me dan bien y por eso las evito. Aún así, estas palabras se irán repitiendo cada día. En una situación en la que todo –todos– es nuevo, lo cotidiano es conocer, compartir y dejar ir. En este momento aún no lo había ni pensado pero al llegar el día diez del viaje supe que esta tercera parte, “dejar ir”, es la más difícil de todas.

Fez, segundo intento

No se me ocurre mejor forma de explicar lo que sentí que copiando el fragmento de la nota que escribí aquel día en mi cuaderno.

Fez,10 de enero de 2015

“Voy con miedo de mirar, de que me hablen, de que me quieran vender hasta su alma. Callejear por la medina es complicado y más si eres mujer vestida con vaqueros y caminas sola. Las tiendas y sus mesitas repletas de cualquier tipo de producto las encuentro en los dos lados de la calle. La gente se sienta entre medias de los puestos  –porque aquí la gente se sienta a observar, a jugar, a descansar– y el espacio es más reducido si cabe. Todo el mundo todos los hombres me hablan. “¿Francesa o española?”, “hola amiga”, “te invito a un té”. Incluso me susurran cosas que no llego a entender. Yo voy recorriendo callejuelas casi sin levantar la cabeza pero tampoco paro de andar. Es algo así como un laberinto en el que, tras cada puerta y al girar cada esquina hay un señor tejiendo, una mujer mesando la lana, otro que martillea una olla, otro que entra a un taller de alfombras…

A pesar de que caminar por la medina de Fez es una tarea ardua he tenido suerte porque en estas fechas apenas hay turistas. El momento de mayor claustrofobia ha sido cuando me he encontrado de frente a una marabunta de alemanes. Han pasado unas treinta personas en fila india entre el pequeño hueco que dejaban los puestos, yo mientras espachurrada y haciéndome a un lado como podía. Sahid me ha contado que en total son unas 9.000 calles, pero que sólo viven 6.000 personas dentro de la parte antigua de Fez. ¿A calle y pico por barba? Bueno, hay también que añadir otros miles de animales, los vivos (burros, pollos, gatos, gallinas) se pasean a sus anchas por la medina peatonal más grande del mundo, y los muertos, que se exponen en las cientos de carnicerías que existen aquí dentro. Son muchas cosas nuevas y no termino de relajarme. Al ser las calles tan estrechas apenas llega el sol así que cuando he encontrado una puerta de la muralla la he cruzado y por fin he podido respirar aliviada.”

Ese día no hice ninguna foto de esta zona a pesar de llevar la cámara en la mochila. Aunque en los próximos días iré subiendo imágenes que podrás ver en el apartado de fotografía, te recomiendo que visites el sitio de Lola Hierro, que también estuvo por aquí e hizo unas fotos espectaculares. Por mi parte, el viaje comenzó a mejorar pasadas 24 horas, el tiempo que me llevó a reflexionar el porqué de mi malestar. Todavía no sabía que me podía enamorar de una medina.

¿Qué más pasa en Fez?

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By | 2016-11-26T22:08:19+00:00 enero 29th, 2016|LiteRotura, Marruecos, Relatos|0 Comments

About the Author:

Beatriz Lizana. Curiosa ad infinitum. Creativa. La escritura y la fotografía como herramientas para entender el mundo. "Puedo prometer y prometo que jamás dejaré de aprender".

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