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La curiosidad no mató al gato #2: Silencio… se rueda

Minnie#2

El texto que sigue a continuación es pura ficción pero está basado en la historia de los personajes, que sí son reales. Incluida la gata y lo que contenga un asterisco.

–3, 2, 1…¡acción!

Con el sonido de la claqueta se hizo el silencio en el puerto de Gijón. Este fin de semana es el congreso de Jóvenes Profesionales de Internet, una excusa perfecta para documentar cómo esta gente se gana la vida. Es la primera vez que Guiomar se pone delante de una cámara y tiene la boca tan seca que le cuesta articular las palabras.

–¡Corten! –el director se dirige a la chica para calmarla– Tranquila Guiomar, pararé el rodaje todas las veces que haga falta hasta que te sientas cómoda. Vamos a ensayar la parte de la entrevista tú y yo solos, confía en mí. Acuérdate de todas las veces que tú misma te has puesto detrás de la cámara para grabar a Minnie y verás que todo es más fácil. Olvídate de que te estoy grabando y piensa que es una charla entre amigos.

Hace dos años que Guiomar la encontró en Tarragona. Fue amor a primera vista, aquella gata llegó como polizón en un camión que transportaba cerdos y decidió adoptarla. Era demasiado dócil y demasiado bonita, la chica no tenía ni idea de quién sería aquella gata porque no llevaba chip pero sí una pequeña chapa con su nombre. Desde que llevó a Minnie a casa su vida dio un giro. A los pocos días de tenerla saltando y correteando por las habitaciones se le ocurrió grabarla con el smartphone y subirla a Youtube. Cosas de la tecnología, un botón para comenzar a grabar, otro para parar y otro para subirlo a internet. Voilà. El primer mes le hizo gracia observar cómo sus vídeos se iban compartiendo por Facebook, Twitter e incluso otras redes sociales que ni ella sabía que existían. Alguien le abrió los ojos, si activaba la publicidad en sus vídeos podría ganarse un dinerillo extra, que le iría de perlas para ahorrar un poco e ir a visitar a una vieja amiga en Munich. El negocio era fácil: Youtube le ingresaba periódicamente el dinero obtenido por cada click y/o visualización de los vídeos y ella se lo ingresaba en su cuenta de Paypal. Nunca pensó que con el dinero conseguido en dos años ya habría podido pagado un piso… Allí estaba ella, en Gijón, en un congreso, grabando un documental de su vida.

–Eres licenciada en historia del arte, ¿por qué no te dedicas a hacer difusión sobre la cultura?

–Me agrada que me hagas esta pregunta. Hace unos años fundé junto a unos compañeros de profesión Cultius Culturals,* un modesto blog con el que conseguimos tener cierto nombre pero con el que desgraciadamente nunca llegué a tener, ni de lejos, la audiencia que tengo con el canal de Minnie. Si te consuela, estoy financiando un estudio para investigar la causa de por qué en Youtube de cada 100 videos subidos, 80 son de gatos.

–Si el porcentaje es tan amplio, ¿cómo es que te mantienes en lo más alto?

–Pura cuestión de estrategia. Algo me diferencia de entre el resto de los competidores y es que yo tengo formación universitaria. Por tanto, conozco más recursos para sacar adelante un proyecto que genera dinero. Mis videos son distintos, el objetivo es educativo a la vez que ocioso y no, no me siento que contribuya a engrandecer la estupidez humana.

–Sólo por curiosidad, no te sientas obligada a responder y recuerda que esto se puede editar en la edición del documental ¿cuánto dinero te puede llegar a generar el canal de Youtube?

–El primer mes creo que gané unos 30€, pero la cantidad fue creciendo de manera exponencial. A los diez meses se me empezó a ir de las manos y tuve que pedir ayuda externa a un community manager para gestionar el canal, al año contraté una asesoría entera para administrar todo el dinero que entraba. El mes pasado fueron unos 10.000€ y este calculo que llegaremos a los 13.000€

Una gota de sudor frío recorrió la espalda del director. Le llegaron recuerdos atropellados de la India, cuando viajó en busca de una gran historia que contar pero sin un duro para pagar al equipo. Aquella fue una historia de pobreza y miseria en la que occidente, como siempre, tumba a oriente. Periodismo humano que dejaba la historia del puto gato a la altura del zapato. Sin duda, el mejor trabajo de su vida y la satisfacción más grande: estar nominado a un premio Goya. Y sin embargo, todavía no había generado el suficiente dinero como para terminar de pagar a todos los que pusieron su tiempo y esfuerzo para que el corto saliera adelante. 10.000€ al mes por grabar a un puto gato… Se le empezó a nublar la vista y lo último que recordó fue el golpe seco de la cámara al caer al suelo. Alguien lo despertó a bofetadas.

Iosu, ¿te encuentras bien?

Esto que acabas de leer es un relato de ficción que se complementa con una galería fotográfica y un retrato. Corresponde al capítulo dos de la serie “La curiosidad no mató al gato”, cuyos relatos tienen una continuidad por sí mismos aunque también convergen en paisajes y personas que se mezclan en su trama. Una suerte de narración transmedia donde se mezclan entrevistas e imágenes reales de los personajes y el contexto donde los conocí con historias de ficción.

¿Qué hay en Gijón?
¿Pero quién es Iosu?
By | 2017-06-24T14:42:46+00:00 enero 31st, 2015|LiteRotura|3 Comments

About the Author:

Beatriz Lizana. Curiosa ad infinitum. Creativa. La escritura y la fotografía como herramientas para entender el mundo. "Puedo prometer y prometo que jamás dejaré de aprender".

3 Comments

  1. […]  En el capítulo anterior… […]

  2. Sara Cristina febrero 3, 2015 at 12:04 am - Reply

    Bea tienes una imaginación infinita. Has convertido a Minnie en una viajera incansable.

    • Beatriz febrero 3, 2015 at 12:26 am - Reply

      ¿Imaginación? ¿Infinita? ¿Minnie? A mí lo que me falla es la memoria… 😉

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