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Sahid Gharib (Fez) | Marruecos, enero 2016

Sobre los prejuicios y las preocupaciones

Este artículo pertenece a la serie Genios Terrenales, un proyecto que no llega a ser periodismo humano porque no hablo de los más débiles, ni de los que son noticia. Este trabajo surge de la necesidad de contar lo que veo y aprendo cuando viajo; a mí sirve para que la capa de colores y prejuicios propios y ajenos me sea más leve. Además, tengo una razón que me parece suficiente: son vidas con un punto en común, que sienten pasión por lo que hacen.

black and white portrait of Sahid Gharib, Dar Rabha hostel manager

Alto, delgado, con gafas y chaqueta de cuero, Sahid Gharib me recibió en la plaza Batha de la medina de Fez aunque yo no lo esperaba, ni siquiera lo conocía. En mi mochila tenía un papel con todas las indicaciones necesarias para llegar a uno de los tres hostels que este joven marroquí regenta, pero el taxista que me recogió en el aeropuerto se encargó de llamarlo por teléfono para avisarle de mi llegada. De golpe, mi máxima preocupación de este viaje —andar de noche sola por Marruecos— se esfumó.

Lo primero que hizo cuando llegamos a Dar Rabha fue invitarme a un té y lo segundo, mostrarme un mapa que parecía sacado del Señor de los Anillos. Mientras mi mirada se perdía en un laberinto de calles, Sahid me recitaba con una voz suave los puntos turísticos más importantes de Fez. Para mi sorpresa, lo que no me pidió fue el dinero de la reserva, “ya pagarás cuando te vayas”, me dijo.

Gerente y estudiante

Ya sea que hable en árabe, francés o inglés (o ruso, ¡Sahid no tiene límites!) siempre lo hace con una sonrisa en la boca. Por este motivo y por la limpieza del lugar decidí que la reserva de una noche la alargaría todo el tiempo que necesitase. Con el paso de los días y la estructura del riad —casa tradicional marroquí con un salón central sobre la que se construye este pequeño hostel y que invita a la reunión— tuve la oportunidad de conocer más de cerca a este chico.

Salón central de Dar Rabha, rihad de Fez

Supe que tiene varios diplomas relacionados con el turismo, que además de gestionar el Dar Rabha también lleva otros riads como el Dar Zouhor y el de lujo Dar Borj, que actualmente sigue cursando estudios universitarios y que está trabajando duro para poder irse a Canadá, un sueño que ha visto truncarse en repetidas ocasiones por la mala fe de otras personas. Me cuenta que la que iba a ser su mujer se largó antes de la boda con parte de su dinero y que la última vez que Canadá se acercó a su vida una agencia que al parecer no existía le choriceó unos 500€. “Ahora, vuelta a empezar. A los marroquíes nos ponen muchas trabajas para obtener casi cualquier visa pero quiero seguir intentándolo, aunque si finalmente no lo lograse, el plan b es montarme en Marruecos mi propio negocio”.

¿Estafado varias veces y aún perseverando? Este tipo me merece un respeto…

Sahid está preocupado. Esta noche su semblante es serio y le noto que algo le pasa. Estamos los dos solos en el salón, cada uno garabateando en su libreta.

—Sahid, me siento muy cómoda en este lugar. Creo que tanto tú como tu asistente Nordin hacéis que los huéspedes nos sintamos como en casa. Gracias por la cena de ayer, no teníais por qué hacerla pero fue divertido comer todos con las manos de aquel enorme tajín de pollo —un pollo que yo misma vi cómo lo mataban en el mercado de al lado de “casa”, productos frescos, ¡sí señor!

—Me alegra que me digas esto porque yo intento hacerlo lo mejor posible. Ante todo busco ser un buen profesional pero también ser empático tanto con la gente que aquí se aloja como con mis trabajadores. Aunque a veces es difícil y te pone en situaciones tensas, pero así son las cosas. ¿Te puedo hacer una pregunta?

—Dime.

—Beatriz, ¿cómo hablas a un musulmán que acabas de conocer?

—¿Te refieres al idioma?

—No, a si tienes alguna barrera por el hecho de que sea musulmán. ¿Recuerdas al canadiense de anoche? —Claro que me acuerdo. Ayer llegó al riad un chico que se presentó con un nombre inglés y nos contó que estaría un tiempo por Marruecos para estudiar árabe. ¡Con lo difícil que es este idioma!

—Pues lo primero es que, de entrada, no sé cuál es la religión que profesa cada persona que voy conociendo. —le respondo— Aunque tampoco me importa, supongo que en una primera impresión suelo hablar a todo el mundo de igual forma. Y si cambio mi manera de actuar no es precisamente por su religión…

—Es que este chico yo ya lo conocía y ayer se presentó con un nombre occidental, pero él es musulmán y su nombre también, ¿por qué querría cambiarse de nombre? No me parece trigo limpio…

Sahid está preocupado. Alguien que no quiere desvelar su identidad real anda por el riad del que él es responsable, y eso no es bueno.

¿Qué pasará en Fez en los próximos días?

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[Si has llegado hasta aquí y quieres saber por qué viajé sola a Marruecos, sigue la historia aquí.]

By | 2017-07-14T11:00:52+00:00 enero 26th, 2016|Genios terrenales, Marruecos|1 Comment

About the Author:

Beatriz Lizana. Curiosa ad infinitum. Creativa. La escritura y la fotografía como herramientas para entender el mundo. "Puedo prometer y prometo que jamás dejaré de aprender".

One Comment

  1. […] hueco que dejaban los puestos, yo mientras espachurrada y haciéndome a un lado como podía. Sahid me ha contado que en total son unas 9.000 calles, pero que sólo viven 6.000 personas dentro de la […]

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