Un día en la cárcel

Me declaro inocente, sus señorías; ni cometí delito alguno ni aún llegué a la edad de la discreción. Me faltan los grilletes y las esposas, aunque me duelen las muñecas. Será el mal tiempo, que dicen que afecta a los huesos.

—Perdón, ¿se puede? —tuve que llamar a la puerta de la cárcel para que me dejasen pasar.

Visita a La Modelo, una cárcel preventiva de Barcelona que funcionó hasta verano de 2017

La verja gigante y motorizada se abre y se cierra poco a poco a mi paso hasta que llego al panóptico, el centro del edificio, el ojo que todo lo observa. Al lado de lo que parece una sala de control acristalada y con cámaras de seguridad se encuentra un grupo que escucha con atención al que parece el guía turístico y me sumo a ellos.

Estamos en La Modelo, una prisión con arquitectura del pasado y que se ha cerrado entre otras cosas porque requería de una inversión millonaria pero ineficaz, pues no estaba a la altura de las cárceles de máxima seguridad de hoy en día. Ahora, se puede visitar parte de sus instalaciones.

La idea es que todas los pasillos son visibles para el vigilante, quien se encuentra situado en un espacio central desde donde puede observar a todos los internos con un golpe de vista. Fue el jurista y filósofo Jeremy Bentham quien introdujo el concepto de la “dictadura de la mirada“. Se persigue que los internos se sientan permanentemente bajo vigilancia, aunque realmente no lo estuvieran, para fomentar el control y la disciplina.

El edificio se organiza en seis galerías y, según voy escuchando, en cada una había internos con características similares. La uno, para internos primarios; la dos, para internos con buen comportamiento; la tres, para reincidentes con conducta adaptada; la cuatro, para reincidentes con dificultades de adaptación; la cinco, para internos primarios y presos que trabajaban en la prisión; y la seis, para presos en régimen de aislamiento. Habla el guía:

“Cada galería era prácticamente autosuficiente y en cada una de ellas, además de ‘chabolos’ (celdas) había biblioteca, lavandería, paquetería y peluquería. Las galerías tres y cuatro son las más grandes, cada una inicialmente con 144 celdas.”

Una de las galerías de la cárcel La Modelo

Un momento, ¿estábamos? Me doy cuenta que este hombre de habla rajada y cabello atado en la nuca fue preso. Pensándolo bien, ¿quién mejor que un recluso para contar cómo se vive en una cárcel?

“Entre galería y galería hay un patio en el que pasábamos gran parte del tiempo. No como en Brians 1, la cárcel a la que hemos ido a parar toda la gente que estábamos aquí, funcionarios incluidos. Allí no vemos nada más que cielo, sólo nos cambia paisaje si pasa un avión”.

Vista de uno de los patios de La Modelo
Vista de uno de los patios de La Modelo
Vista de uno de los patios de La Modelo
eje central de La Modelo

Este hombre sigue hablando en presente…

“Enseñar la cárcel sin los testimonios de los presos no tendría sentido, sólo quienes lo hemos vivido lo podemos contar. A mí me queda poco en la cárcel, señora. Nada, un ratillo… cinco años. Para mí eso es mañana, con el tiempo que llevo ya. Voy pasando permisos, ahora salgo, el tercer grado y luego la condicional. En Brians se está mejor que aquí porque los patios son enormes y hay menos gente, puedes llegar a crear un vínculo con los compañeros. Amigos no, porque no vas a hacer amigos, tú entraste solo y te vas a ir solo. Y da igual cuánto tiempo estés condenado, puedes salir mucho antes de que acabe tu condena a la calle pero a dormir, a la prisión. Aquí mi trabajo es hablar con vosotros, me pagan muy poquito pero estoy bien, es la primera vez que me pagan por no hacer nada. Yo ahora voy a montar mi empresa como la tenía antes de entrar, de la construcción. A ver si tengo suerte esta noche y me han llegado los papeles. Y si no, pues seguiré trabajando aquí hasta que se acabe esto de las visitas. Lo que quieren ver los funcionarios en nosotros —señala a otros guías que hay con otros grupos— es observar cómo nos desenvolvemos en la calle. Yo salgo a las seis de la mañana y hasta las ocho y media de la tarde no aparezco en prisión. Sólo duermo allí y eso quiere decir que a las tres, cuando se acaba el trabajo, me voy donde yo quiera.”

El CIRE, el Centro de Iniciativas para la Reinserción, es la empresa pública del Departamento de Justicia que tiene por objetivo dar segundas oportunidades a las personas privadas de libertad. Sus objetivos son la formación, la ocupación y la inserción de internos en oficios con demanda en el mercado laboral.

En mi grupo seremos unas quince personas y vamos haciendo preguntas con mucho interés a este hombre, que nos explica anécdotas con bastante sentido del humor.

“Siempre tienes la posibilidad de hacer las cosas bien y salir antes de lo que te toca. Pero tienes que hacerlas bien, que no te metan partes disciplinarios, que trabajes, que estudies, que ellos vean que llevas una vida. Que estás aquí por una cosa puntual. La gran mayoría es gente de primera entrada. Intentamos que pasen los días de la mejor manera posible, pero es muy complicado porque aquí siempre hay follones.”

“Como os iba contando, en la cárcel estamos mezclados, todos somos malos y todos somos buenos. Uno por traficante, otro por asesino… da igual. Ya habéis visto que nos clasifican según el número de veces que hayamos sido condenados. ¿Que no quieres doblar el lomo mientras estás en la cárcel? Pues a tomar el solecito gratis, tu cafetito, tu cigarrito… y a que se te pasen los días.”

“Aquí el que está mal visto es el violador, los funcionarios los protegen un poquillo porque los presos no quieren a los violadores. Es un delito muy grande. Tú puedes matar sin que te juzguen los presos, pero no toques a una mujer, y mucho menos a un niño. Los maltratadores no los quiere nadie… pero bueno, que te puede caer uno y vivir con él.”

La Modelo

Las celdas fueron pensadas originariamente para ser individuales. A pesar de que la capacidad de la prisión era de unos 800 reclusos, la ocupación siempre ha sido bastante superior. Al acabar la Guerra Civil, llegaron a haber 12.745 internos.

“Nada de una celda por persona, aquí éramos seis en dos literas por chabolo. Al menos, ya no te llaman ‘para trabajar al barco’. En época de Franco, había tanta gente que hacían selecciones en las que te creías que te irías al mar y lo que hacían era pegarte un tiro en la nuca.”

¿Y si te toca en la celda con alguien con el que no quieres convivir?

“Hay un día a la semana para solicitar un cambio de celda. Porque si te llevas a matar con el nuevo de turno le puedes decir que se vaya. Claro, que es él quien tiene que solicitar el cambio, por llegar el último. O a lo mejor te quieres mudar con algún coleguilla que hayas hecho, o simplemente por no hablar el mismo idioma. En el patio en el que yo estaba, por no contar moscas y aviones, me ponía a contar cuántos éramos aquí. Cuarenta rumanos, cincuenta latinos, novecientos mil negros… Aquí dentro se hablaban 85 idiomas, como tengas la suerte que te metan en un chabolo con gente de otros países, prepárate para la mímica.”

 

Registro en una celda cualquiera de la cárcel La Modelo
chabolo de La Modelo

En la celda es mejor no tener mucha ropa porque, si te hacen un cacheo, se cabrean si tienes muchos objetos. Luego te puedes pegar cinco horas para ordenarlo otra vez, porque vives con otros. No es sólo la ropa, también los libros, las cartas, que las sacan… “Oye que esta es de mi novia, no que esa es de mi mujer…” Te dan las cinco de la mañana arreglando el chabolo.

“La convivencia aquí es muy mala. Hay tensión, hay malos rollos, hay bandas. Esto es complicado. Tú no sabes lo que te va a pasar por la mañana cuando te levantas. De acuerdo, en la calle tampoco, igual te coge el tren o te toca la lotería. Pero aquí hay unas reglas muy estrictas y unos horarios muy marcados. Igual tú llevas dos horas en la cola esperando para ducharte, porque en la galería tres y cuatro las duchas son comunitarias. Vives en la otra punta, te bajas con tu albornoz y con tu cosas, y cuando llegas ‘eh tío, que yo iba antes’ Que esto, que aquello… peleón. Como te recrees mucho con el agua, guantazo que te crió. Claro, hay un tiempo, ¿sabes? Que esto no es tu casa ni la ducha un jacuzzi, que hay 500 tíos que quieren lavarse.”

“A lo mejor tú eres alguien tranquilo pero en cualquier momento se te puede torcer el día, y te sube la rabia y el odio. Te llama un amigo que está fuera ‘oye, que tu mujer se ha ido con un negro’. Ya está, un ataque de cuernos… ya quieres matar a alguien. No puedes hacerle nada a ese negro, pero quieres matar al primero que veas aquí dentro. Esto es complicado, señores, esto es para vivirlo. Porque ahora no es lo mismo verlo vacío, antes había follón en alguna galería y pensabas ‘como no me déis un tanque ahí no entro’. Impresiona mucho, si es tu primera vez.”

En los últimos tiempos, La Modelo funcionó como cárcel preventiva. Esto significa que si el fiscal ve fuertes indicios de que la persona es culpable, la priva de libertad aunque no haya sentencia firme. Aunque es inocente mientras no se demuestre lo contrario, puede pasar un tiempo en la cárcel. Si sale culpable, le conmutan ese tiempo que ya ha pasado dentro.

chabolo de La Modelo

¿Y qué tal con los funcionarios?

“Su trabajo es vigilarnos. Pero si tú aquí llevas una vida correcta, si sigues tu rutina de trabajo, estudio, deporte y no te metes en problemas, vas a ir tirando bien. Yo te digo que los funcionarios conmigo de maravilla, y eso te lo digo yo porque me estás preguntando a mí. Hacen su trabajo y más bien te ayudan, pero como tú les toques los huevos lo vas a pasar mal porque dependes de ellos. Como te empiecen a poner partes no sales de aquí. La junta de tratamiento es la que evalúa y te castiga. Igual te ha pillado con un porrillo, o con un pincho o con algo que tú no tengas que tener. O le has hablado mal al funcionario y te quiere amargar la vida. A la galería de castigos. El tiempo que pasas allí lo decide la junta: quince días, tres meses, seis, un año…”

“Porque tú aquí estás contenido, no eres nada. Eres sólo un nombre y un apellido, un preso. Incluso sólo el apellido, hasta el nombre te quitan. Si la psicóloga dice que tú no estás preparado para salir, tú no sales. Y claro que hay terapia, aquí acabas mal y necesitas tratamiento psicológico desde el primer día que cruzas la puerta.”

 

pintadas en la cárcel de La Modelo
decoración en la cárcel de La Modelo
virgen en la cárcel de La Modelo
virgen en la cárcel de La Modelo
literas en la cárcel de La Modelo

Una señora mayor pregunta que por dónde entra la droga.

“Por dónde va a entrar, señora… pues por la puerta. Y aquí la droga es muy cara, ahí es donde vienen los problemas. El menudeo entra por los vis a vis, a no ser que tengan muchas sospechas, se descuidan. ‘Nena, vente con un huevo kinder’ y luego el preso lo pasa al patio. Ahí ya se ha multiplicado su precio. Si la cantidad es mayor es porque alguien de fuera entra en el trapicheo. Porque ya sabemos lo que es el dinero, ¿no? La mete alguien que sale y entra todos los días y que no lo cachean, un educador, un voluntario… Es muy fácil que se corrompa la gente. Pero ojo, que no son todos.”

En 1984, la Generalitat de Cataluña se hizo cargo de las competencias en servicios penitenciarios. Hoy trabajan en las prisiones catalanas 5620 profesionales de disciplinas diversas: funcionarios de servicio interior, maestros, educadores, trabajadores sociales, psicólogos, monitores, personal sanitario, pedagogos, juristas criminólogos, personal de administración y personal de mantenimiento.

Señora mayor aunque inocente al ataque de nuevo: ¿Por qué no les pillan la droga si vienen para el vis a vis con ella encima?

“Señora, que la gente se lo traga o se lo ponen como supositorio. Por eso es tan carísima la droga aquí dentro.”

El espabilado de turno: ¿y  qué cuesta un gramo? Porque yo sé lo que vale fuera.

“El dinero no se gana trabajando, nene. El dinero se gana en el trato. Fuera el gramo está a unos treinta euros, aquí se multiplica exponencialmente. Yo no tomo pero estoy aquí y sé los precios.”

biblioteca de la cárcel de La Modelo
peluqueria en La Modelo

“¿Los políticos? Están mezclados también con el resto, ya te digo que todos somos tratados por igual, pero los meten en módulos de ingresos y de ahí no los trasladan, porque esa gente sale en dos días. Está todo muy vigilado, hay cámaras por todos lados, te puede pasar algo chungo en la calle a ti antes que a nosotros aquí. Que sí, que puede venir uno a darte dos hostias, pero en seguida están los funcionarios encima. De todas formas, en las prisiones de ahora son doscientos presos como mucho.”

“De todas formas, es muy fácil entrar en la cárcel: tú sales ahora de la visita, vas a cruzar la calle, uno que va despistado casi te atropella, entráis en una pelea, gilipollas, tusmuertos, pum, porrazo, cabeza al bordillo… y tú ya estás de vuelta aquí, pero para no salir. No tienes que entrar con una pistola en un banco para esto. Aquí hay delitos de todas clases, tú coge el código penal y mira. Antes, con ser gay ya podías ir al talego”.

La homosexualidad era condenada por la Iglesia y por el régimen franquista, pero también por las corrientes predominantes por aquel entonces en los ámbitos de medicina y psiquiatría, que la consideraban un trastorno psíquico. Durante los primeros años de la dictadura de Franco los homosexuales podían ser detenidos por “escándalo público”. De hecho, la reforma de la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 definió explícitamente la homosexualidad como un delito.

locutorio de la carcel La Modelo

¿Cómo es el día a día?

“Entre semana hay un horario muy estricto pero hay tiempo para todo, para hacer deporte y otras actividades. Los fines de semana podemos hacer talleres. Yoga, taichi, aprendizaje de un instrumento, de idiomas… También te puedes escribir con una muchacha y pedirle ir al baile el sábado. Porque en Brians 1 hay un módulo de mujeres, en el patio nunca te mezclas pero los fines de semana para las actividades sí. Si te echas novia, se puede pedir el vis a vis para un fin de fiesta apoteósico. Pero te tienes que hacer pareja para esto, ellos tienen que ver que hay una relación con la chica, que te escribes con ella…”

“Podemos llamar por las cabinas telefónicas cinco veces a la semana, aunque las puedes gastar todas en un día si quieres. Cada llamada de un máximo de cinco minutos. Pero sólo puedes dar de alta diez teléfonos, no vale llamar cada vez a quien se te antoje. Hay móviles aunque están prohibidos, por eso comprar uno aquí dentro te puede salir por 2.500€. También lo puedes alquilar por 50€ el fin de semana. Eso sí, como te pillen acabas en una celda de castigo.”

“También tenemos libros y tele. No tenemos libertad pero eso no quiere decir que vivamos aislados. Las noticias vuelan y nos enteramos de todo. Del exterior siempre nos van a llegar las novedades, aunque estemos incomunicados. O bien por la tele, o bien por el boca oído entre nosotros… En fin, podemos tener una televisión por chabolo pero obviamente la tenemos que comprar nosotros. Aquí no te dan nada, pero la puedes tener. Aunque hay gente que no tiene ni para una triste radio. Porque aquí hay gente que tiene mucho, otra que tiene bien y, la gran mayoría, no tienen nada. ”

¿Los presos pueden tener dinero?

“No exactamente, aquí nos daban vales y en Brians es una llave como las fichas de los coches de choque con un chip y tus datos. Cada tres meses te dan un lote con productos básicos pero no es suficiente, tienes que acabar comprando papel higiénico, pasta de dientes… Con el dinero de las fichas puedes comprar en las máquinas refrescos, agua, cerveza sin alcohol… Para el tabaco y el resto de potingues y comida, al economato, que es una ventana por la que pides el producto que necesites, nada de andar por los pasillos como en los supermercados. La llave funciona algo así como una tarjeta de crédito, son números que se van descontando y a los que tienes que ir sumando poco a poco. El problema es que sólo se nos permite 85€ a la semana. Con eso te mueres de hambre porque los productos aquí son mucho más caros que en la calle.”

***

Seguimos la visita a la cárcel, ya por libre, pero me encuentro a un funcionario en una galería. Hablamos de la conservación del edificio.

“Si usted ve esta galería, ve que está más o menos presentable. Cuando yo entré hace 32 años a trabajar a La Modelo el suelo era de cemento y por el medio había una pequeña canaleta por donde corría el agua de lavar y otros fluidos. Las celdas tampoco eran lo que usted ve ahora. El váter era abierto y tampoco había duchas como tal. En los últimos años, en cada celda podían tener televisión con canal plus, ¿usted tiene en su casa canal plus?”

enfermeria en la cárcel de La Modelo
prisión La Modelo

¿Cómo es trabajar en una prisión?

“No se puede juzgar a nadie, para mí todos son presos y no puedo entrar en si uno ha matado, violado o robado. Si dentro de la prisión se portan bien, tienen los mismos derechos que cualquiera, que van cambiando según la época, porque con Franco la cosa era muy diferente a como es hoy en día. Escuela hubo desde que yo empecé, también había teatro. Gimnasio ahora tienen todas las prisiones modernas pero en La Modelo se puso hará diez o doce años.”

Pero en cualquier momento puede haber motines. Yo tengo compañeros que fueron a matarlos con destornilladores en el cuello. Algunos fallecieron, otros no pero porque se hicieron los muertos, aunque los dejaron muy mal. Eso ocurrió en Brians 2, no aquí, y fue hace tiempo, pero para que usted vea el riesgo de esta profesión.”

Una chica que estaba en mi grupo pregunta si se hacían cursos de rehabilitación. Nos impacta la pregunta, como si el rehabilitarse dependiera de un título.

“Eso es como si te dijera que existe un curso para aprender a robar. El que quería rehabilitarse empezaba por apuntarse a la escuela o a los talleres y actividades que se ofrecían. Muchos lo hacían porque eran analfabetos y otros porque, de una forma u otra, la cultura te rehabilita.”   

reproducción de motín en la cárcel de Barcelona La Modelo

Seguimos con la visita y nos encontramos con otro guía-preso de acento árabe que confirma que es de Marruecos “¿tengo cara de italiano?”

¿Tenéis que comprar la comida?

“Quien diga que en La Modelo no se comía bien miente. En el penal (la cárcel donde los presos pasan realmente toda la condena) la echaban de menos porque ahí sí que se come mal. Por eso compramos comida en el economato. Eso sí, se come fatal, pero se come todos los días. Los cocineros son los mismos presos y se respetan las tradiciones musulmanas, también hay comida para diabéticos, vegetarianos… pero es que todo está asqueroso. Tuve un compañero que se pasó su condena a base de bocadillos de nocilla y atún comprados en el economato, le salió caro pero era eso o decía que no comía. Aunque el economato de La Modelo era algo más barato que en el penal. Un paquete de pasta aquí valía ochenta céntimos, en el penal son dos euros. ¿Tú sabes el dinero que entra por ahí? Lo que ganas en la cárcel trabajando, lo gastas en la cárcel, comiendo.”

La misma chica de antes, que lleva un velo que le cubre la cabeza, se acerca más al preso.

“¿Conoces Chaouen?”

By | 2018-02-01T18:41:36+00:00 enero 31st, 2018|Destacados, España|3 Comments

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Beatriz Lizana. Curiosa ad infinitum. Creativa. La escritura y la fotografía como herramientas para entender el mundo. "Puedo prometer y prometo que jamás dejaré de aprender".

3 Comments

  1. Neoícaro febrero 4, 2018 at 11:30 am - Reply

    Excelente reportaje, completo y cuidado. Crudo, sin edulcorantes, como debe ser.
    Yo trato habitualmente con excarcelados, y muchos reflejan su lucha por salir de todo eso y llevar una vida fuera de ahí.
    Muchos lo consiguen, aunque como “la desgracia no avisa”, a algunos también se los puede llevar una mala marea.
    (Véase: https://entredulcineayquijote.blogspot.com.es/2017/11/carta-que-nunca-escribi.html ).

    Saludos!

    • Beatriz febrero 5, 2018 at 5:22 pm - Reply

      Gracias mil.
      La libertad física se encuentra más allá de las rejas, pero a la espiritual puede que jamás se llegue.

      • Neoícaro febrero 6, 2018 at 1:58 pm - Reply

        Para lo espiritual, siempre se puede…:

        “como adivina el invidente
        la forma
        a través del tacto,
        adivinar el espíritu
        a través de la Música”.

        (L.E.Aute).

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