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Día 1: El placer de la buena lectura. De bibliotecas y bookcrossing

caracteres chinos

Carta de un restaurante | China

¿Cuál ha sido el último libro que te has leído?

Como no podía ser de otra forma, últimamente todo lo que ha caído en mis manos olía a viajes y destinos exóticos. Como el que me estoy leyendo ahora: “En las antípodas”, de Bryson Bill –recomendado Diario del Viajero–, con el que estoy alimentando (más, si cabe) mis enormes ganas de conocer Australia. Seguiré saboreando las delicias de este país-continente con la novela “En la barrera”, de Gaby Martínez. No es que sea lo próximo a leer, tengo la manía de leer varios libros a la vez y se me ha ocurrido que la mejor manera de compaginarlo es que al menos la temática sea la misma.

Aunque no hay bolsillo que aguante tanta lectura, ¡ya me gustaría a mí poder comprar todos los títulos que me interesan! Cuando sea mayor quiero tener una librería gigantesca. Con todos los libros que me ha haya leído en la vida –que no serán pocos–. ¿Te imaginas una estantería que también recoja, en papel, toda la información que has leído en internet durante toda una vida? Para los que nos tiramos 8 horas en el ordenador leyendo cantidades ingentes de información, no habría mueble ni casa que lo soportara.

Todavía recuerdo la primera vez que vi un libro digital, hace ahora dos años. Estaba en clase de francés cuando una chica unos 10 años menor que yo sacó un kindle de su mochila y lo encendió. En aquel momento dejé de escuchar lo que decía la profesora, me quedé maravillada observando aquel objeto que reproducía páginas a cada golpe de botón y que nada tenía que ver con la pantalla de un ordenador. Fascinante. Son esa clase de instantes que se graban en la retina, anécdotas que formarán parte de los que tuvimos el atino de vivir entre mundos digitales y analógicos. ¿Sabes cuál es la tecnología básica que hace que un ebook funcione? Seguro conoces a algún niño que tiene una pizarra mágica. Esa que viene con un lápiz cuya punta es un imán, que para dibujar hay que deslizarlo sobre un fondo blanco también imantado. Y si quieres borrar, arrastras una varilla interior que deshace el dibujo. Un ejemplo de cómo una idea muy simple que alguien desarrolló hace muchos años, otra persona la mejoró y se inventó un objeto con consecuencias históricas.

Pero yo soy fan de las bibliotecas. En mis viajes las suelo incluir como lugar de visita obligada, como cuando fuia a la de Shanghai.  Para mí son museos de la cultura. Gente que lee, gente que escribe, gente que estudia… ¿Qué ruido hace una mente al pensar? ¡Menudo concierto ofrecerían si eso fuera medible! También hay algo a lo que me gusta jugar: observo a las personas que me rodean e intento adivinar la materia sobre la que se concentran. Y luego intento comprobar. Con entrenamiento y un poco de lógica se puede acertar bastante. ¡Imaginación al poder! 🙂

Algo que me gusta de Barcelona es la red de bibliotecas públicas que tiene. Hay al menos una por barrio y las posibilidades que ofrecen son muchas. El procedimiento para sacarse el carnet de socio es súmamente sencillo y gratuito, además lo recibes en el acto. No sólo se puede tomar prestado un libro, sino también leer en sus cómodos sofás, usar su red wifi, asistir a alguna de las muchas charlas que organizan de forma gratuita e incluso tomar un café (algunas tienen cafetería dentro). Puede ser una alternativa barata y placentera para los viajeros que busquen internet y cobijo. Además, si eres un búho como yo, te aconsejo que eches un vistazo al servicio de bibliotecas nocturnas. La de la Vila de Gracia está abierta hasta la una de la madrugada.

Pero como lectora empedernida, si hay una idea que me fascina y que quiero compartir como parte de mi experimento es el Bookcrossing. Su concepto es fácil: posees un libro que ya has leído, por cualquier circunstancia no quieres guardarlo y lo dejas libre, en la calle, para que otra persona pueda disfrutarlo. Si entras en la página de bookcrossing, verás que existe una serie de reglas: a cada libro que liberes le asignas un código, y si alguna vez te encuentras uno (en un banco, apoyado en un escaparate, cerca de un árbol… las posibilidades son infinitas) entras en la web y anotas dónde lo encontraste. Es divertido ver cómo un libro también puede viajar, de mano en mano e incluso de ciudad en ciudad. También hay bares donde tienen una librería repleta de libros, y si bien algunos no usan la red del bookcroosing sí que puedes coger uno y llevártelo… si a cambio dejas otro en su lugar.

encontrar libros en la calle

Oh, casualidades de la vida, cuando esta mañana iba a la biblioteca a devolver un libro de fotografía me he encontrado esto en la ventana del Punto de Información Juvenil del barrio de Gracia. Una enciclopedia y un libro de Harry Potter. Allí los he dejado para quien se atreva a llevárselos a casa.

By | 2015-04-27T18:33:28+00:00 noviembre 21st, 2013|El Experimento, El poder de compartir, España|4 Comments

About the Author:

Beatriz Lizana. Curiosa ad infinitum. Creativa. La escritura y la fotografía como herramientas para entender el mundo. "Puedo prometer y prometo que jamás dejaré de aprender".

4 Comments

  1. El experimento | Don't stop travelling noviembre 22, 2013 at 12:47 am - Reply

    […] Día 1: El placer de la buena lectura. De bibliotecas y bookcrossing […]

  2. Bitacoras.com noviembre 22, 2013 at 12:38 am - Reply

    Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: ¿Cuál ha sido el último libro que te has leído? Como no podía ser de otra forma, últimamente todo lo que ha caído en mis manos olía a viajes y destinos exóticos. Como el que me estoy leyendo ahora: “En las antípodas”, de Brys..…

  3. myworldourplanet noviembre 21, 2013 at 8:34 pm - Reply

    Intenta aprovechar ahora estan empezando a salir un monton de librerias de segunda mano. Yo por 12 euros el otro dia me lleve 4 libros 🙂

    • belilo noviembre 21, 2013 at 11:41 pm - Reply

      ¡Cierto! Se me había escapado esa posibilidad…

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